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En 2006, en Valencia, mueren 43 personas en un accidente en el metro y 150 pasajeros son evacuados.

El 3 de julio de 2006, Valencia fue escenario de una de las tragedias ferroviarias más graves en la historia de España: el accidente de Metrovalencia. Este fatídico suceso ocurrió alrededor de las 13:03 horas, cuando un tren que transportaba a aproximadamente 150 pasajeros descarriló en una curva cercana a la estación de Jesús. La tragedia cobró la vida de 43 personas y dejó a 47 heridas, marcando un día negro en la historia de la ciudad y de la red de Metrovalencia.

El tren involucrado en el accidente estaba compuesto por las unidades 3736 y 3714 de la serie UTA 3700, conducido por el maquinista Joaquín Pardo, quien también falleció en el accidente. La investigación oficial determinó que el descarrilamiento se produjo debido a un exceso de velocidad. El registrador del tren (teloc) mostró que el convoy había alcanzado una velocidad de 81 km/h en una curva donde el límite era de 40 km/h. A pesar de los esfuerzos por frenar, el tren no logró reducir la velocidad a tiempo, resultando en un violento descarrilamiento.

El sistema de seguridad de la línea, denominado Frenado Automático Puntual (FAP), no fue suficiente para evitar el accidente. Este sistema, más barato que el sistema ATP utilizado en otros metros de España, solo estaba presente en puntos críticos de la vía y no a lo largo de toda la línea, lo que permitió que el tren circulara a una velocidad peligrosamente alta. Cabe destacar que ya había habido un descarrilamiento en esta misma curva en 2003, pero las medidas adoptadas no fueron suficientes para evitar la tragedia de 2006.

La respuesta inmediata al accidente incluyó la evacuación de los pasajeros, la atención médica en hospitales de campaña instalados cerca de la estación de Jesús y el traslado de los cadáveres al Instituto de Medicina Legal. Las víctimas, que incluían ciudadanos de varias nacionalidades, fueron en su mayoría arrojadas fuera del tren debido a la falta de refuerzos adecuados en las ventanas, lo que exacerbó el número de fallecidos.

El accidente generó una serie de investigaciones y reacciones políticas. Inicialmente, la responsabilidad se atribuyó exclusivamente al maquinista fallecido. Sin embargo, con el tiempo, se revelaron serias deficiencias en el sistema de seguridad y en la gestión de Ferrocarriles de la Generalidad Valenciana (FGV). En 2013, un reportaje del programa «Salvados» de La Sexta expuso la manipulación y censura informativa por parte de la televisión pública valenciana, así como la preparación de los testimonios de los técnicos de FGV para eximir de responsabilidad a la empresa.

Las familias de las víctimas, agrupadas en la Asociación de Víctimas del Metro 3 de Julio, han luchado incansablemente por justicia. Han organizado concentraciones mensuales y han llevado el caso hasta el Parlamento Europeo. Su perseverancia llevó a que, en enero de 2020, cuatro directivos de FGV reconocieran su responsabilidad en el accidente y aceptaran una condena de 22 meses de prisión.

El accidente de Metrovalencia de 2006 no solo dejó una profunda huella en las familias de las víctimas, sino que también destacó la necesidad de mejorar las medidas de seguridad en los sistemas de transporte público y la importancia de la transparencia y la rendición de cuentas en la gestión pública. Este trágico evento sigue siendo un recordatorio de las vidas perdidas y del continuo esfuerzo por garantizar que tales tragedias no se repitan

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