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piratas españoles
Portada » En 1873, El gobierno central de España, emite un decreto por el que declara piratas a todos los buques de la Armada Española que habían secundado la revolución del autoproclamado Cantón de Cartagena.

En 1873, El gobierno central de España, emite un decreto por el que declara piratas a todos los buques de la Armada Española que habían secundado la revolución del autoproclamado Cantón de Cartagena.

En 1873, en el contexto de la I República Española, el gobierno central, presidido por Nicolás Salmerón, emitió un decreto decisivo en respuesta a la insurrección conocida como el Cantón de Cartagena. Este decreto declaró piratas a todos los buques de la Armada Española que habían secundado la revolución del autoproclamado Cantón de Cartagena. Además, autorizó a las armadas extranjeras a capturar estos barcos incluso en aguas jurisdiccionales españolas. Esta medida tuvo un impacto significativo en la dinámica de la rebelión cantonal y en la política internacional del momento.

Contexto del Cantón de Cartagena

El Cantón de Cartagena fue la más destacada y duradera de las insurrecciones cantonalistas que surgieron en varias ciudades españolas durante la I República. El movimiento comenzó en julio de 1873, cuando republicanos federales intransigentes se rebelaron con el objetivo de establecer una República Federal desde abajo, sin esperar la aprobación de una nueva Constitución por las Cortes Constituyentes. Cartagena, una ciudad con una fuerte tradición militar y naval, se convirtió en el epicentro de esta revolución debido a su estratégica ubicación y a sus defensas naturales y fortificaciones.

El Decreto de Nicolás Salmerón

El 26 de julio de 1873, en un intento por sofocar la rebelión y recuperar el control de los buques sublevados, el gobierno de Nicolás Salmerón emitió un decreto que tuvo un impacto inmediato y severo. Este decreto declaraba piratas a todos los buques de la Armada Española que habían sido capturados por los rebeldes del Cantón de Cartagena. La calificación de «piratas» permitía que cualquier armada extranjera pudiera apresar estos barcos, facilitando así la intervención internacional contra los cantonalistas.

Consecuencias del Decreto

El decreto de Salmerón tuvo varias consecuencias importantes:

  1. Intervención Internacional: Armadas extranjeras, particularmente la alemana y la británica, se involucraron directamente en la captura de buques cantonalistas. Por ejemplo, la fragata alemana SMS Friedrich Carl y el ironclad británico HMS Swiftsure capturaron varios barcos cantonalistas en operaciones que generaron tensiones diplomáticas y demostraron la determinación del gobierno español de poner fin a la rebelión.
  2. Desmoralización Cantonalista: La captura de sus buques fue un duro golpe para los rebeldes de Cartagena. La pérdida de estas naves, que representaban una parte significativa de su poder militar y simbólico, afectó gravemente su capacidad de resistencia y aprovisionamiento.
  3. Reforzamiento del Bloqueo: El decreto facilitó el bloqueo marítimo de Cartagena, una estrategia crucial para aislar a los rebeldes y cortar sus suministros. Este bloqueo, combinado con el cerco terrestre, fue determinante para el desenlace del asedio de Cartagena.

El Asedio y la Rendición

El Cantón de Cartagena resistió durante varios meses, pero el bloqueo y los bombardeos continuos debilitaron a los defensores. A principios de 1874, la situación se volvió insostenible. La falta de suministros, la destrucción causada por los bombardeos y las dificultades internas llevaron a la rendición final de la ciudad el 12 de enero de 1874. La caída del Cantón de Cartagena marcó el fin de la insurrección cantonal y reafirmó la autoridad del gobierno central sobre el territorio español.

Conclusión

El decreto de Nicolás Salmerón de 1873 fue una respuesta decisiva a la insurrección cantonalista que buscaba establecer un cantón independiente en Cartagena. Al declarar piratas a los buques sublevados y permitir su captura por armadas extranjeras, el gobierno central logró debilitar significativamente la rebelión. Este episodio subraya la complejidad de la I República Española y los desafíos enfrentados por el gobierno central para mantener la integridad y la soberanía del Estado en medio de múltiples levantamientos y tensiones políticas.

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