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La terrible lucha en la Batalla de Teruel

Batalla de Teruel


Valeriano Ruiz Fernández nació en Meruelo, Cantabria, el 6 de mayo de 1918. Cuando recuerda el 18 de julio de 1936, su memoria lo transporta a febrero de ese año, cuando el Frente Popular ganó las elecciones. «Yo tenía 18 años y era secretario de las Juventudes Católicas de Meruelo y fundador de Falange Española en el pueblo». Junto con sus compañeros, Valeriano construyó un centro para la Juventud Católica, financiado con dinero recaudado a través de un grupo artístico formado con chicas locales, incluida su futura esposa. Sin embargo, los socialistas pronto les incautaron el local. «Hicimos una protesta frente al Ayuntamiento, y al comenzar a cantar el himno de la juventud, el alcalde vino hacía mí y me dio una bofetada. Yo reaccioné, le agredí también y nos enzarzamos en una pelea». Valeriano fue detenido y procesado en Santoña, pero salió en libertad condicional bajo fianza tras ocho días.

Después del alzamiento militar contra el Gobierno de la República, Cantabria quedó en la zona republicana. » todas las personas de derecha que habíamos tenido algún detalle en contra de la izquierda nos encarcelaron», recuerda. «Dos meses después nos pusieron en libertad». Pero el 17 de octubre, miembros de la checa Neila lo arrestaron y lo llevaron esposado al Alto de Jesús del Monte, un sitio que se hizo famoso por ser un escenario habitual de los ‘paseos’. «Me dijeron: ‘Vamos muchacho, vamos a echar una meada’. Me soltaron las esposas y ellos se apartaron también para mear. Yo no hacía más que rezar. Poco después me volvieron a subir al coche. Nunca supe si aquello fue un simulacro de ‘paseo’ para intimidarme».

Valeriano fue trasladado a la Prisión Provincial de Santander y luego al barco-prisión Alfonso Pérez, este barco fue habilitado como prisión para unos 900 presos derechistas de toda la region. «Allí murieron 154 amigos y compañeros míos». Más tarde, fue enviado a El Dueso, donde estuvo nueve meses hasta la liberación del penal el 26 de agosto de 1937. Tras su liberación se unió rápidamente a las tropas nacionales, comenzando en el frente de Guadalajara y luego en la Batalla de Teruel. «Fue mi primer contacto con el enemigo, en las navidades de 1937. Fue muy duro, soportábamos 20 grados bajo cero. Pedíamos una herida, una bala de la suerte, porque el frío era insoportable», relata. Desesperados, se ponían en pie o sacaban un brazo de la trinchera para ofrecer un blanco al enemigo.

Tras la recuperación de Teruel, Valeriano participó en el frente de Aragón en 1938. En abril, su regimiento ayudó a cortar el Mediterráneo en Vinaroz. «Ahí comenzó a decidirse la guerra». Valeriano recuerda haber sobrevivido milagrosamente en dos ocasiones. La primera, en la toma de Mosqueruela, «Nos lanzábamos granadas de una trinchera a otra, la separación era muy escasa… Hubo muchas bajas» Él era el enlace que tenia que transmitir las ordenes del mando. «Mi capitán ordenó retirar la unidad y fui reptando por el suelo hasta donde estaba la avanzadilla. En un momento, bajo un fuerte ataque artillero, un proyectil pequeño se coló entre mis piernas, milagrosamente no llegó a explota» recordaba aun con gesto de sorpresa.

La segunda, en el frente de Madrid, en Vaciamadrid, donde una ráfaga enemiga lo rozó mientras hablaba con un comisario político. «Una noche, mientras hablaba con un comisario político, de trinchera a trinchera, alguien intentaba localizar por el sonido el sitio donde yo estaba. Lanzó una ráfaga y me rozó. Entonces mandé a mi equipo: ¡Cargar toda la artillería que haya sobre la trinchera enemiga!’. Al final nos pidieron que no tiráramos más, pero yo respondí : ‘Vosotros habéis disparado cuando estábamos hablando y eso es una traición'».

El final de la guerra lo encontró en Albolote, cerca de Granada, donde ocupaban Las Pedrizas. Allí, sucedió uno de los hechos más curiosos de su guerra: un partido de fútbol entre las tropas republicanas y nacionales. «Los comisarios políticos republicanos y mis sargentos primeros se reunieron sin armas, en una zona neutral. El primer tiempo lo pitó un alférez nuestro y el segundo lo arbitró un comisario político. Terminó el partido 0-0 o 1-1, no lo recuerdo bien, lo mejor que podía ocurrir. Cuando nos despedimos alguien dijo : ‘Vamos señores, esto se ha acabado, ahora el que asome la cabeza se la volamos«.

En 1941, Valeriano, comprometido con la lucha anticomunista, se ofreció voluntario para la División Azul que luchó en el frente ruso durante la Segunda Guerra Mundial. Fue destinado a Puschkin, una ciudad de unos 30000 habitantes al sur de Leningrado, como sargento del primer batallón del Regimiento 263. Durante una noche, los sovieticos atacon mientras dormian, apuñalaron silenciosamente a uno de los centinelas hasta que los nacionales contraatacaron y Valeriano mostró un comportamiento heroico, siendo propuesto para la Cruz de Hierro alemana, aunque finalmente no le fue otorgada ya que sus acciones habian tenido lugar sin el consentimiento de sus superiores. Recibió dos medallas alemanas eso si, y varias condecoraciones españolas. En 1943, tras la decisión de retirar la División Azul, Valeriano y sus compañeros emprendieron un difícil regreso a España, sufriendo un bombardeo aliado en Hof, Alemania.

Finalmente, en vísperas de Navidad de 1943, Valeriano se reunió con su familia en Santander. Terminó viviendo en su Villa San Roque, en San Mamés de Meruelo, junto a su esposa y rodeado de los recuerdos de su juventud y las medallas que reconocen su participación en la Guerra Civil Española y en la Segunda Guerra Mundial. Estas medallas representan una vida de honor, pero tambien de sufrimiento, dolor, y de perdida de muchos amigos, seguro, que Valeriano cambiaría esas medallas por poder haber disfrutado de una vida en paz rodeada de aquellos que perdió.

Aquí te dejamos el capitulo del podcast, no olvides que tienes disponible otros relatos de guerra.

Fuentes:

El Mundo: Especiales Guerra Civil

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