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La Vida en una Cárcel Franquista

La Cárcel Franquista


La memoria sobre la guerra y la cárcel franquista tiene un lugar crucial en la familia de Vicenta González (Jaén, 1925). Basta con hablar con ellos unos minutos para que el pasado resurja: un marido encarcelado por comunista, varios seres queridos fusilados, torturas, penurias… La historia de Vicenta se narra en múltiples voces. Nació en La Carolina, con un padre sindicalista y un tío minero que llevaba libros para adoctrinar a los trabajadores. A los seis años se trasladó a Madrid y, cuando ocurrió el Golpe, su padre quiso enviarla de nuevo al pueblo para protegerla, pero el tío que debía cuidarla enfermó y la niña acabó en la capital, presenciando el avance de la guerra.

Casi 80 años después, conserva claros recuerdos de los bombardeos y la artillería, el pan y los zapatos marcados con la bandera franquista que caían en sacos sobre sus cabezas. «La gente decía que estaba envenenado, pero teníamos tanta hambre…», recordaba Vicenta. Ella tenía 12 años entonces y quiso unirse al Socorro Rojo para ayudar a los milicianos. Su padre era obrero metalúrgico; su madre limpiaba los cuarteles republicanos. «En Madrid escaseaba todo y propusieron a mis padres enviarnos a Rusia a mis hermanos y a mí para estar más seguros, pero no querían separarse de nosotros», contaba Vicenta con orgullo. Tal vez irse les hubiese evitado sufrimientos: al finalizar la guerra, la represión se ensañó con su familia: uno de sus tíos murió por heridas del frente y el otro, guardia de asalto, fue fusilado al regresar al pueblo.

Vicenta tiene vívidos recuerdos de aquellos años. Difícil olvidar a los falangistas que la obligaban a saludar con el brazo en alto, o cuando la detuvieron junto a su madre y les raparon la cabeza por rojas, o el momento en que conoció a su marido y se dejó llevar por sus ideas. Sebastián Castillejo era un ferviente militante del PCE. Aquí entra él en la historia, muy viva entre sus hijos y nietos. «Era de Fuenteovejuna, huérfano, y él y sus hermanos tuvieron que irse a Madrid porque los acosaban por ser de izquierdas. Los vecinos les pegaban, no les daban trabajo… El alcalde, falangista, les aconsejó que se fueran y cuando lo hicieron, les quitaron todo, incluso la casa», cuenta Mari, su hija. Sebastián no tenía entonces filiación política. Se hizo comunista en la clandestinidad madrileña.

Mari, la hija de Vicenta, recuerda con claridad las discusiones entre sus padres: Vicenta rogaba a Sebastián que abandonara la política por temor a que lo arrestaran; Sebastián, en cambio, no podía imaginar su vida sin la lucha. Tampoco puede olvidar los fusilamientos a las tres de la madrugada en las paredes del cementerio del Este, cuyos ecos de los gritos de los condenados se infiltraban en sus sueños.

El 3 de mayo de 1961, los temores de Vicenta se hicieron realidad: Sebastián fue arrestado. «Fue un chivatazo de un infiltrado en la célula del partido, una redada muy grande en la que cayeron 81 militantes de toda España», relata su hija. Pasó 15 días en Gobernación, sometido a torturas diarias, y luego lo enviaron a la cárcel de Carabanchel hasta que fue sometido a un Consejo de guerra. Le impusieron siete años de prisión en Burgos. Los recuerdos de Mari se vuelven cada vez más intensos. Tenía 10 años y ansiaba los tres días al año en los que podía ver a su padre: el día de la Virgen del Carmen, el de la Merced y el día de Reyes, las únicas fechas en que los hijos de los presos políticos podían visitar la cárcel.

«La primera vez que entré en una prisión fue en la de Carabanchel, que era más grande y con los presos políticos separados del resto, pero en Burgos, prácticamente todos estaban encarcelados por sus ideas; la mayoría, comunistas. Nos registraban al entrar y una vez le quitaron a mi hermano unos caramelos que quería darle a mi padre…», cuenta Mari. Para ellos, viajar a Burgos era una fiesta. «Íbamos familias de toda España y eso que la situación económica de las mujeres que quedaban solas era dramática. Allí siempre nos hospedábamos en las mismas pensiones, teníamos una visita por la mañana y otra por la tarde, y el resto del día jugábamos en la calle y los de la brigada político-social nos hacían regalos para sacarnos información de nuestros padres». Mari también recuerda que Sebastián le hablaba «de la explotación de la clase trabajadora» y de cómo debían comportarse, o le contaba anécdotas de la cárcel, como que las monjas que la dirigían querían obligarles a ir a misa, pero ellos se declaraban en rebeldía. De lo que nunca hablaba era de las torturas. «Solo una vez, cuando ya era muy mayor, confesó que le habían pegado mucho».

Fue en esos años cuando Vicenta, convertida en matriarca, mostró su lado rebelde. Participó en manifestaciones por la libertad de los presos, fue detenida, multada, intimidada… pero no se rindió. Incluso fue a hablar con el arzobispo de Burgos. «¡A las mujeres nos temían más que a los presos!», bromeaba Vicenta. Pero su vida de entonces ofrecía pocas oportunidades para sonreír. La última vez que fueron a la cárcel, Mari tenía ya 13 años y le advirtieron que era demasiado mayor para volver. No hizo falta. Su padre quedó en libertad a mediados de 1964. Y siguió militando. Y la policía continuó vigilándoles. «Entraban en casa de madrugada y se lo llevaban a Gobernación, donde lo retenían las 72 horas reglamentarias. Lo hacían a menudo, especialmente los primeros de mayo o cuando venía algún dirigente extranjero», cuenta su hija. Tras superar la cárcel, él y Vicenta tuvieron otra niña. La llamaron Dolores. Adivinen quién estaba en sus pensamientos.

La historia de la vida de Vicenta es un testimonio del coraje y la perseverancia frente a la adversidad. Hoy, sus hijos y nietos llevan consigo el legado de su abuela y abuelo, recordando las palabras de Sebastián sobre la explotación y la justicia, y el espíritu indomable de Vicenta, pero sabiendo todos ellos, que es momento de cerrar las heridas, la guerra termino hace mucho, y es momento de seguir todos juntos hacia delante.

Aquí te dejamos el capitulo del podcast, no olvides que tienes disponible otros relatos de guerra.

Fuentes:

El Mundo: Especiales Guerra Civil

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