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La Defensa de Madrid en la Guerra Civil

Defensa de Madrid

Una bandera de la República con la leyenda ‘No a la guerra’ preside la puerta de la casa donde nació nuestra protagonista de hoy, hace ya más de 100 años en un edificio histórico en Las Vistillas de Madrid. Carmen Arrojo nacida en 1918 fue adquiriendo conciencia obrera, fue testigo de un golpe de Estado, vio desarrollarse una guerra, tuvo que vivir en el exilio y más tarde volvió a casa cansada de esconderse, esta mujer menuda es una histórica de la lucha antifranquista. La Guerra Civil estalló cuando apenas tenia 18 años y Carmen decidió combatirla desde el interior de las Juventudes Socialistas Unificadas. Cada rincón de su casa es una muestra de su vida de lucha, los cuadros que su padre aprendió a pintar cuando se encontraba en prisión debido a sus ideas socialistas, las fotos de Eugenio Moreno Pastor, su novio, fusilado por los mismo ideales, recuerdos de su hermano, condenado a trabajos forzados en el valle de los caídos, Incluso de algún vecino que jugaba a delatarles.

La Familia de Carmen era en 1936 una familia burguesa de izquierdas, de esas que contaban con educación universitaria y vestían de traje los domingos. Influenciada por su familia, Carmen comenzó a militar con los jóvenes socialistas cuando tenia 14 años, se matriculó en Medicina y en febrero del 36 hizo campaña por el Frente Popular. Así transcurría su vida entre estudios y campañas cuando la radio anunció la sublevación militar. «No nos sorprendió. La situación llevaba meses muy tensa y enseguida supimos que teníamos que organizarnos», recordaba Carmen, con una memoria tan lúcida que recuerda hasta los primeros momentos del conflicto. «Mi padre se fue corriendo al partido y le dijo a mi madre que no me dejase salir, pero la convencí para comprar víveres y me fui al círculo socialista». Carmen reia a carcajadas mientras contaba su osadía en aquellas difíciles primeras horas de la contienda.

Aquella visita al circulo socialista sería el comienzo de una actividad frenética que terminaría en exilio. Carmen se negó a disparar en el frente, pero sus ideales pacifistas dieron mucho de si en la retaguardia. Durante los primeros meses, ejerció de secretaria de sector de las JSU, organizó un comedor para los milicianos, talleres de costura con 270 mujeres y guarderías para los niños que iban quedándose huérfanos. También hizo trabajos de enfermería en el frente de San Isidro y los brigadistas estadounidenses le ofrecieron emigrar para hacer propaganda de la República fuera del pais, pero la Juventudes Socialistas Unificadas rechazó la propuesta. La necesitaban en Madrid. «La ciudad era un caos. No hubo un mando militar hasta que llegaron las Brigadas Internacionales», recuerda desde la terraza de su casa, exactamente el mismo punto desde el que hace años vio desfilar los tanques.

«Los bombardeos eran constantes y a medida que avanzaban los días, iba escaseando todo, pero el pueblo nunca se echó atrás. Todo el que podía subía al frente o ayudaba en la retaguardia». Carmen asegura que nunca tuvo miedo. Nunca, excepto cuando salía de noche de las reuniones de las Juventudes Socialistas, desafiando el toque de queda y exponiéndose a los ‘pacos’ en los tejados. «A los del partido, el Gobierno nos había dado un salvoconducto para la noche, pero era terrible correr hacia casa con la sombra de los tiradores sobre tu cabeza».

Cuando Madrid cayó y se asumió que la guerra estaba perdida, Carmen decidió huir de España por el puerto de Alicante, junto a su padre y su compañero, Eugenio Moreno. «Aquello fue espantoso», contaba mientras perdia la sonrisa al recordar a los dos hombres que se suicidaron delante de ella. «Éramos unas 1700 personas, los nacionales querían ametrallarnos, pero los tanques italianos lo impidieron. Luego llegó un buque franquista y tuvimos que entregarnos». Carmen fue enviada a un campo de concentración, donde pasó mes y medio en condiciones deplorables.  «Nos tuvieron varios días sin comer y por la noche sacaban a compañeras para fusilarlas en la playa. Pero lo peor era no saber qué había pasado con los que estaban contigo». Lo que le pasó a sus compañeros fue que a su padre lo condenaron a tres años. Eugenio, condenado a muerte: el 27 de julio de 1940 le hicieron el paseíllo. Años después, Carmen encontró sus restos en el cementerio de Paterna, donde reposan junto a otros 13 fusilados. Le puso una placa y sigue hablando de él como su compañero. Nunca hubo otro para ella.

Carmen salió de los campos de concentración. Su aspecto juvenil hizo que los militares creyeran que se trataba de una niña que estaba perdida en Alicante y la devolvieron a Madrid, donde se escondió hasta que una compañera de las JSU, Rosa Olivo, le dio su documentación para huir a Galicia. Allí vivió cinco años ocultando su pasado «decía que mi familia me había castigado porque tenía un novio rojo y la gente se lo creía». Trabajó en el campo, de costurera, de niñera… Hasta que el padre de una niña a la que cuidaba la descubrió y la delató. Carmen se las arregló para escapar a las Piñuelas, donde trabajó como maestra. «En el fondo siempre tuve mucha suerte», afirma con su sonrisa perenne. La suerte de poder vivir escondida. En aquel «exilio interior», como lo llamaba ella.

En 1949 decidió regresar a Madrid y terminó su huida. Y de nuevo tuvo suerte. «Ya no me buscaban. Me había pasado de moda» Así se reencontró con su padre después de 10 años de aquella tarde en Alicante. Y con su hermano, a quien tenía que visitar en el Valle de los Caídos, donde cumplió 10 años de trabajos forzados gracias a que le conmutaron la pena de muerte. Carmen opositó para maestra y terminó su carrera como directora de un colegio en Barcelona. Allí se enteró de la muerte de Franco. Hoy sigue comprometida con las mismas ideas, pero no con los partidos que dicen representarlas. «No me creo esta democracia ni la transición con concesiones que hicimos. Nadie ha pagado por las barbaridades que cometieron».

El testimonio de Carmen es uno de tantos otros que nos muestran como tantas vidas se vieron truncadas durante la guerra civil, un continuo lamento de la vida que pudo haber sido y nunca fue, y un deseo de que aquellos eventos nunca vuelvan a repetirse.

Aquí te dejamos el capitulo del podcast, no olvides que tienes disponible otros relatos de guerra.

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Fuentes:

El Mundo: Especiales Guerra Civil

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