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La División Azul en los Gulag Rusos

La División Azul en los Gulag Rusos


Gerardo González, con más de 90 años, lleva consigo una vida llena de recuerdos de Rusia y once años de su juventud pasados en los campos soviéticos, en los tan conocidos Gulag. A los 19 años, se unió a la División Azul y, a día de hoy, aún domina el ruso tanto en conversación como en lectura. Su lema de vida, una frase de Dostoievski tomada de San Agustín, dice: «Es malo sufrir; es bueno haber sufrido». Esta es una filosofía que lo ha guiado durante su vida.

Gerardo creció en la Glorieta de Cuatro Caminos, en Madrid. De niño, prefería jugar en la calle antes que estar en casa. Durante los primeros días de la Guerra Civil, su familia sufrió un episodio angustiante. Un grupo de desconocidos llegó a su casa buscando a su padre, simpatizante de la Falange y amigo del padre de Jose Antonio Primo de Rivera, que era Miguel Primo de Rivera. «Le habían denunciado los socialistas y venían a arrestarlo los comunistas. La suerte fue que mi padre no estaba, y yo subí y me enfrenté a ellos», recuerda Gerardo. Gracias a la rápida intervención de sus primos, milicianos republicanos, su padre fue salvado y escondido durante seis meses. «Aunque teníamos ideas distintas, éramos como una piña. Y ya no le molestaron para nada», contaba Gerardo, orgulloso de la unión familiar a pesar de las diferencias ideológicas.

La situación en Madrid durante la guerra era caótica. El colegio de su hermano fue incendiado y muchos conventos fueron atacados. «Quemaron el colegio de mi hermano, uno de frailes, el Maravillas. Estaba donde ahora se ubica el mercado. Además, ardían muchos conventos. En los primeros momentos de la Guerra hubo una fiebre terrible: había muchos fusilamientos, en El Pardo, en la Dehesa de la Villa…», contaba Gerardo. Incluso un tío de sus familiares republicanos, que era alcalde de Guadalix de la Sierra, fue capturado y llevado a la cárcel Modelo, donde tras un levantamiento, fue llevado a Paracuellos, donde terminaría su vida.

Durante un tiempo, Gerardo fue encarcelado tras intentar participar en una corrida de toros. «Intenté tirarme a la plaza y me llevaron a la cárcel unos días», comenta con una mezcla de nostalgia y tristeza. Compartiendo celda con presos políticos, presenció muchas injusticias que marcaron su juventud.

Tras la victoria de Franco en la Guerra Civil, Gerardo enfrentó la pérdida de su madre, quien falleció a los 39 años, dejando a su padre con cuatro hijos a su cargo. Gerardo también fue testigo del fusilamiento de un primo suyo de izquierdas, Ángel. «Era de Villalba pero vino a Madrid con su mujer, Cari, y con su hija. Mi padre le dijo ‘vete,’ pero él le contestó ‘no, tío, no creo que me vayan a hacer daño’. Le condenaron a muerte. Fíjate mi padre, qué disgusto», recuerda con dolor. Otro primo, Antonio, se refugió en Francia, a quien volvieron a ver años después en España, y aunque las ideas políticas diferían, la familia permaneció entrañablemente unida.

En 1941, la División Azul se formó para luchar junto a Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Gerardo, aún demasiado joven, logró alistarse en 1942. Inicialmente culpaba a Rusia de los males del mundo, pero con el tiempo cambió su perspectiva. «Yo creía que toda la culpa era de Rusia. Pero Rusia no fue culpable», reflexiona Gerardo. Tambien recuerda cómo Serrano Suñer, cuñado de Franco y organizador de la incursión española en la segunda guerra mundial, justificaba la acción con la frase «Rusia es culpable», pero para él, los verdaderos responsables eran «los países imperialistas»: «Fueron EEUU, Inglaterra y Alemania; a ver si ahora resulta que Hitler estaba ahí por su cara bonita y nadie le votó» comenta Gerardo.

Tras un breve adiestramiento en Alemania, Gerardo llegó a Novgorod en marzo de 1942, donde experimentó la brutalidad del combate cuerpo a cuerpo. A pesar de no estar herido, fue capturado y enviado a campos de prisioneros. «Ese cuadro no se me olvida; los españoles morían incluso sin ser atendidos. Fue una matanza, había gente agonizando por todas partes. Yo no estaba herido pero me apresaron», rememora Gerardo sobre la batalla en Krasnibold, parte del Cerco de Leningrado, que dejó unos 4.000 muertos entre los españoles.

En su traslado, su carácter rebelde se manifestó cuando enfrentó a un guardia armenio que lo golpeó para que se levantara. «He sido un buen habitante de los calabozos porque protestaba mucho», afirma Gerardo. Fue juzgado en Leningrado y enviado a Moscú. A diferencia de los prisioneros alemanes, los españoles recibieron un trato relativamente mejor debido a la simpatía de Stalin. «Nos pusieron a todos los españoles juntos. No nos trataban tan mal, como en todos los lugares había carceleros buenos y carceleros malos», destacaba Gerardo.

La liberación de Gerardo y otros prisioneros españoles llegó inesperadamente el 2 de abril de 1954. Fueron trasladados de Odesa a Barcelona en un barco griego fletado por la Cruz Roja. En España, Gerardo se reencontró con sus hermanos, porque su padre habia fallecido durante su encarcelamiento, y comenzó una nueva vida, conociendo a su futura esposa y formando una familia. «No he disfrutado ni de mi padre ni de mi madre», dice con tristeza, recordando la ausencia de sus padres durante esos años tan críticos.

Años después, Gerardo volvió a Rusia y revivió sus experiencias con una perspectiva diferente. Recuerda a Galina, la enfermera que lo cuidó cuando le cayó encima un madero que le provocó fiebre muy alta. También rememora cómo trataban de curarle el paludismo y la hepatitis B con vodka. A pesar de todo, mantiene un aprecio por la gente buena que conoció en Rusia. «En Rusia hay buena gente. Te digo una cosa, me hubiera cagado en la madre de Stalin, pero si hubiera querido, nos habría fusilado», reflexiona Gerardo, reconociendo la complejidad de las relaciones humanas en tiempos de guerra.

Gerardo concluye su relato con una reflexión poderosa: «La guerra es lo peor que puede haber en el mundo». Su vida es un testimonio de resistencia y humanidad y una enseñanza de que en la vida, como en la guerra, no todo es blanco o es negro, ni tan bueno, ni tan malo.

Aquí te dejamos el capitulo del podcast, no olvides que tienes disponible otros relatos de guerra.

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Fuentes:

El Mundo: Especiales Guerra Civil

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