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La leyenda del Cazador Maldito

La leyenda del Cazador Maldito

Les contaré una historia llena de misterio y condena eterna. Se trata de la historia del Ehiztari beltza, La leyenda del Cazador Maldito. Según el antropólogo Julio Caro Baroja se describe a este misterioso hombre como «un jinete que en las noches de vendaval, cuando los robles y los castaños seculares gimen de modo amenazador, pasa veloz con su jauría persiguiendo a una presa que nunca alcanza».

Y es que, cuenta la tradición que hace mucho tiempo, en una pequeña iglesia del monte, había un clérigo apasionado por la caza. Este sacerdote, conocido por su mal carácter, descuidaba cada vez más sus deberes religiosos debido a su obsesión por la caza. Pasaba la mayor parte del día en los campos y montes en busca de piezas para cazar, sin preocuparse demasiado por sus obligaciones en la parroquia.

Incluso durante la misa diaria, llevaba consigo a sus perros y los dejaba atados en el pórtico de la iglesia. Y una vez terminada la ceremonia, salía disparado para continuar con su cacería. Ya no se molestaba en preparar sus sermones ni en ayudar a los feligreses necesitados. Aparecía cansado, sucio y distraído durante la misa. Sus parroquianos, molestos por su falta de interés, hablaban continuamente de quejarse al obispo, aunque nunca llegaron a hacerlo.

Un día, durante la misa diaria, mientras el sacerdote sostenía el copón sacramental con las hostias, una liebre pasó frente a la iglesia, provocando que los perros comenzaran a ladrar furiosamente. El sacerdote se detuvo en seco, su rostro se iluminó y, sin poder resistirse, salió corriendo, tirando el recipiente sagrado y todo lo demás al suelo. Montó su caballo y se lanzó tras la liebre con sus perros, dejando la ceremonia religiosa sin concluir.

Los feligreses, alarmados por el comportamiento del sacerdote, esperaron esa noche en la casa parroquial a que volviera, pero él nunca regresó. Y así pasaron los días, las semanas y los años, y nunca volvieron a ver al sacerdote.

Poco tiempo después de su desaparición, la gente del lugar comenzó a escuchar historias sobre un cazador que aparecía en noches señaladas, como la de San Juan o la de San Silvestre, o en noches de tormenta. Se decía que este cazador estaba vestido con una sotana negra y montaba un caballo diabólico con ojos de fuego. Junto a él, una jauría de perros furiosos lo acompañaba. Se contaba, que este cazador había sido condenado a perseguir eternamente a una presa que nunca lograba alcanzar.

Según algunas personas, se creía que esa liebre era el mismísimo diablo, que había adoptado esa forma para tentar al sacerdote a abandonar sus obligaciones sagradas y así conseguir condenar su alma.

La leyenda afirma que la maldición se romperá el día en que el sacerdote logre vencer su obsesión por la caza y, al pasar frente a una iglesia, abandone la persecución y concluya la ceremonia que dejó a medias.

Otras versiones afirman que el sacerdote, como castigo por su pecado, fue transformado en perro y condenado a formar parte de la jauría del rey Salomón. Dependiendo de la versión, el sacerdote puede ser un rey sacerdote, un abad de un monasterio o un arcipreste.

Este condenado personaje recibe diferentes nombres en distintas versiones de la leyenda, como Salomón Apaiza, Abade Txakurra, Mateo Txistu, Martín Abade, Juanito Txistularia, Salomón Erregea, entre otros.

La historia de este cazador ha sido relatada durante muchos siglos, ya en el año 1879 el escritor alavés Ladislao de Azcona, relataba:

«Cuando en tempestuosa noche de invierno, recogida la familia junto al hogar, en tanto la lluvia se desprende a torrentes y el viento huracanado produce siniestros rumores, si una violenta racha llega con estrépito, y al pasar como un torbellino hace temblar el viejo caserío, las mujeres y los niños murmuran: !Abade chacurra¡” lo que quiere decir, los perros del abad, refiriéndose este dicho a la presencia del cazador y sus perros en la noche.

Por último, cabe destacar que algunas versiones convierten a este personaje en una especie de dios vasco, hermano de la diosa Mari. Según Fernando Sánchez Dragó, esta figura fue cristianizada durante la Alta Edad Media en las tierras vascas del sur, y en La Rioja, adaptando la leyenda a tiempos más modernos.

Esta ha sido la intrigante leyenda del Ehiztari beltza, el cazador negro. Una historia que nos sumerge en un mundo de misterio y castigo eterno. Aunque solo sea un relato, nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de nuestras obsesiones y las decisiones que tomamos en la vida.

Aquí os dejamos el episodio del podcast, ¡esperamos que lo disfrutéis y que os suscribáis si os gustan estas leyendas!

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