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El Cura Satánico

El Cura Satánico

El Cura Satánico es una leyenda que tiene lugar entre las verdes praderas y los montes redondeados que componen el valle de Araiz, en este lugar se encuentra el concejo de Gainza, una pequeña localidad que apenas cuenta con unos 50 habitantes y que pertenece al municipio de Araiz, en Navarra. Esta localidad parece vivir ajena a todo lo que ocurre a su alrededor, sin preocuparse demasiado de las turbulencias que sufre el mundo fuera de los picos que la rodean, pero esta paz que hoy nos muestra, se vio una vez perturbada por el hambre de conocimiento del cura de la localidad.

Según la leyenda hubo una vez en Gainza un cura llamado Juan Tarrabiel que, no teniendo suficiente con los escritos sagrados, sufría una gran curiosidad por conocer los secretos del infierno. Un día, esa curiosidad se vio saciada cuando llego al pueblo un ermitaño en su carruaje tirado por una mula. Resulto que el ermitaño era un librero que se dirigía a otra localidad, pero que decidió desviarse para conocer mejor el valle de Araiz. Aprovechando que haría noche en el pueblo, decidió mostrar su puesto de libros para ver si tenia la suerte de vender alguno, fue entonces cuando llego el padre Tarrabiel, que, tras ojear unos cuando libros de la colección del ermitaño, sus ojos se detuvieron en un oscuro libro, que según se indicaba, parecía descubrir los secretos del infierno con mucho detenimiento.

Tras ojearlo, el padre Tarrabiel sintió que algo oscuro emanaba del interior del libro, pero era tanta la cantidad de conocimiento que albergaba que no pudo detener su curiosidad. Preguntó al librero cual era el precio de aquel libro, pero su respuesta resulto bastante intrigante, este libro no solo tenia un precio en metálico, si no que para que revelase todos sus secretos, debía ser firmado con sangre en las primeras paginas.

El padre, sentía tantos deseos de poseer este libro, que aunque sospechaba de la naturaleza oscura del trato, se animo a firmarlo, y tras pagarlo, se marcho a casa con su preciada posesión. Una vez en casa, cogió directamente el libro dejando de lado sus otras tareas, devorando pagina tras pagina. El sacerdote llegó a conocer muchas cosas sobre los secretos de las artes satánicas, hasta que llego a una que le asustó en gran medida, resulto, que la firma con su sangre en aquel libro lo condenaba eternamente.

Arrepentido de la curiosidad que lo había llevado a ese extremo, el cura decidió buscar al librero para borrar su firma del libro y devolvérselo. Al llegar al carruaje donde se encontraba el ermitaño, le indico lo que había descubierto, y sus deseos de devolverle el libro maldito. Fue entonces cuando el librero soltó una carcajada monstruosa, revelando si verdadera identidad. Resultó ser un demonio, que había conseguido el alma del sacerdote a través del engaño del libro, pero este demonio, dispuesto a querer jugar un poco más con la voluntad del sacerdote, le propuso un trato, Si el sacerdote adivinaba su edad, anularía el pacto del libro y lo dejaría en libertad, y para que pudiera meditar bien la respuesta, le concedió tres días.

El padre se marchó a casa preocupado, meditando sobre la posible respuesta del acertijo, sabiendo que era imposible que lo acertase y asumiendo que quedaría condenado para toda la eternidad. Tras pasar toda la noche dándole vueltas al asunto, el sacerdote decidió consultar a una mujer que era conocida en la zona por su afición a la brujera.

A la mañana siguiente, el sacerdote llegó a la cabaña de la bruja, y le contó todo lo que le había sucedido con el demonio. La bruja, tras escuchar con atención todo lo ocurrido, le dijo al sacerdote que no se preocupase, le aseguro que aquel asunto se resolvería con facilidad, pero que debía esperar a la misma noche de la cita con el demonio.

Al pasar los tres días, el sacerdote llegó al lugar acordado con el demonio y observo que la bruja ya se encontraba allí, Sin mediar palabra, la bruja comenzó a desnudarse, quedándose tal y como habia venido al mundo, el cura, asombrado, no comprendía como aquello le ayudaría a resolver su problema con el demonio. Cuando acabó de desnudarse, la brujo subió a un árbol y se acomodó en unas ramas, dejando su piernas bien abiertas y echando su cuerpo hacia atrás, de modo que solo se le veían los muslos, y entre ellos sus vergüenzas con la larga melena que parecía colgar de ellas.

Enseguida apareció el demonio, y tras ver que se acercaba, la bruja empezó a mover las ramas del árbol para atraer su atención. Cuando el demonio vio aquellos muslos abiertos de par en par, y la tremenda cantidad de cabello que colgaba entre ellos, exclamo sorprendido que en sus setenta y cinco años que llevaba en el mundo jamás había visto algo parecido. Y con eso, el propio demonio descubrió su edad, por lo que, tras aceptar que había sido victima de un engaño, dejo al sacerdote libre de su cruel destino.

Aunque todo parecía haber quedado resuelto, el padre Tarrabiel aún no estaba completamente seguro de su destino y decidió tomar medidas para asegurar su salvación. El padre recordó un viejo rumor que decía que si un sacerdote muere en el momento de la consagración, su alma se salva quedando libre de todo pecado. Fue entonces cuando el cura acudió a su sacristán y lo intentó convencer para que lo matara en esas circunstancias. Al principio, el sacristán se resistió, negándose en rotundo a llevar a cabo tal acto violento, pero el cura fue tan insistente que ya no pudo oponerse a sus deseos. Y así fue, como una mañana durante una misa sin fieles que habían preparado, cuando el cura realizaba la consagración, el sacristán lo mató de un disparo.

Tarrabiel le había dado instrucciones muy especificas al sacristán de todo lo que debía hacer para asegurarse de si su alma se salvaba o se condenaba. El sacristán, cuchillo en mano, se acerco en silencio al cuerpo sin vida del sacerdote, lo tendió boca arriba y abrió el pecho del cura, para después extraer su corazón y clavarlo en el extremo de una vara. Tras esto, cogió la vara y subió a lo alto del campanario de la iglesia, y allí, a las afueras de la torre colocó la vara, con el corazón apuntando al cielo, después de esto, se sentó en el campanario a esperar. El sacristán sabia, por lo que le había dicho el padre Tarrabiel, que había dos opciones, o llegaran los buitres a comerse el corazón, lo cual sería una señal de condenación, o llegaban las palomas a llevárselo, siendo esa la señal de salvación.

Al poco tiempo bajaron tres buitres que planeaban los alrededores de la torre, pero tras acercarse al corazón como si lo estuvieran examinando, se marcharon sin tocarlo. Poco después, llegaron tres palomas blancas que descendieron rápidamente y se llevaron el corazón sin dudarlo sujetándolo con sus picos. Tras ver esto el sacristán quedó satisfecho al comprobar que su homicidio había tenido resultados felices y el padre Tabarriel había conseguido salvar su alma.

Y así termina la leyenda de Juan Tarrabiel, el cura satánico que tras buscar conocimientos prohibidos, comprendió que a veces es mejor no aplicarse tanto en conocer la sabiduría o la locura del mundo, ya que esto puede acabar en aflicción de espíritu, y quien acumula conocimientos acumula también dolor.

Aquí os dejamos el episodio del podcast, ¡esperamos que lo disfrutéis y que os suscribáis si os gustan estas leyendas!

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