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El mirlo de la Mayor Señora

El mirlo de la Mayor Señora

La historia de Medina Azahara es simplemente alucinante y prueba de ello es la leyenda del mirlo de la Mayor Señora. Resulta que hace unos cuantos siglos, cuando el califa Abderramán III llevaba siete años gobernando en Córdoba, tuvo una brillante idea: construir una ciudad que fuera la joya de su reino y reflejara toda su grandeza.

El califa esperó pacientemente hasta que rescataron a todos los cautivos árabes que estaban al otro lado de las fronteras de Al Ándalus. Una vez libre de esas preocupaciones, ¡zas! Dio luz verde al ambicioso proyecto de Medina Azahara. Fue toda una obra de arte, compuesta por palacios, mezquitas, jardines y salones de recepción. Tardaron un buen trecho, ¡nada menos que veinticinco años!, en terminarla. Pero claro, había que estar a la altura, así que involucraron a los arquitectos y alarifes más destacados de aquel tiempo.

La cosa es que para construir esta maravilla, trajeron unas cuatro mil columnas de diferentes lugares. Las columnas, todas ellas, eran de lo más exquisito, procedían tanto de Andalucía como de Tarragona, Cartago, Túnez, Constantinopla incluso Francia. Y mira, cuando la ciudad fue destruida con el tiempo, algunas de esas columnas fueron a parar a África, donde todavía las puedes ver hoy en día decorando muchos palacios.

El califa Abderramán estaba tan emocionado con todo el proyecto de Medina Azahara que se pasaba un montón de tiempo allí, sobre todo en ciertos aposentos que construyeron para que descansara. Un lugar plácido y bonito, la compañía de su favorita, la encantadora Zahara, unas bailarinas despampanantes y hasta tres cantoras chulísimas venidas de la lejana Arabia. Todo ello llenaba de felicidad sus días.

El califa estaba tan encantado en Medina Azahara que hasta llegó a olvidarse de sus deberes religiosos y familiares. Y claro, eso no podía quedar así, la primera esposa, doña Coral, se enfadó de lo lindo, Le dio un buen rapapolvo por el abandono y el coqueteo con las bailarinas. Así que, con mucho calor y malhumor, el califa se volvió a Medina Azahara.

Pero aquí viene lo interesante. Como se sentía indispuesto, mandó llamar a su médico. Y mientras se preparaban para sangrarlo, apareció un mirlo cantarín. El pajarillo, desde la ventana, le dijo al médico que tratara con cuidado al califa, ya que su vida era valiosísima y muchos destinos dependían de él.

Resulta que el mirlo estaba amaestrado por doña Coral, la esposa enfadada, que no podía acompañar al califa a Medina Azahara y decidió enviar a los mirlos para estar cerca de él y cuidar de su salud. Al enterarse de esta dulce sorpresa, el califa quedó rendido de amor y regresó a Córdoba, siendo mucho más atento con doña Coral y cumpliendo con sus deberes como creyente y esposo.

Y así, entre idas y venidas, el califa pudo disfrutar de la magnífica Medina Azahara, que se convirtió en una de las ciudades más hermosas del mundo. Como en la vida todo tiene su principio y su final, con los años, esta joya fue desapareciendo, como toda obra humana que está condenada a deshacerse con el tiempo.

Te dejamos el capitulo del podcast para que disfrutes de esta leyenda.

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