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Fernando IV
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En 1285, en Sevilla nace Fernando IV que será rey de Castilla de 1295 hasta su muerte en 1312

El 6 de diciembre de 1285, en la ciudad de Sevilla, vio la luz un niño que llegaría a convertirse en una figura importante en la historia de la Corona de Castilla: Fernando IV. Conocido como «Fernando el Emplazado» o «Fernando IV el Emplazado», su reinado abarcaría desde 1295 hasta su prematura muerte en 1312, dejando una huella significativa en la política y la monarquía castellana de la época.

Fernando IV ascendió al trono a una edad temprana, ya que su padre, Sancho IV de Castilla, murió cuando él tenía tan solo diez años. Esto dejó al joven Fernando bajo la regencia de su madre, la reina María de Molina, hasta que alcanzara la mayoría de edad. Este período de regencia estuvo marcado por tensiones internas y conflictos en la Corte castellana, lo que hizo que su reinado comenzara con dificultades.

Uno de los aspectos más destacados de su reinado fue su relación con el Reino de Aragón. En 1300, se casó con Constanza de Aragón, lo que fortaleció los lazos entre ambas coronas. Sin embargo, la relación no estuvo exenta de problemas, ya que surgieron disputas territoriales y rivalidades. A pesar de esto, su matrimonio ayudó a consolidar la unión dinástica de Castilla y Aragón, que más tarde daría lugar a la creación de España como un reino unificado bajo los Reyes Católicos.

Fernando IV también se enfrentó a las presiones externas, especialmente de las órdenes militares y la nobleza, que buscaban aumentar su poder e influencia. Durante su reinado, trató de reafirmar la autoridad de la corona y limitar el poder de estas facciones, lo que en ocasiones generó conflictos y enfrentamientos.

Trágicamente, Fernando IV murió en 1312 a la edad de 26 años, lo que dejó un vacío en el trono castellano. Su hijo, Alfonso XI, tenía tan solo un año en ese momento y fue proclamado rey bajo la regencia de su abuela María de Molina. A pesar de su breve reinado, Fernando IV dejó una huella importante en la historia de Castilla y su legado se relaciona con los desafíos políticos y dinásticos de la época, así como con la consolidación de la unión entre Castilla y Aragón que sería fundamental para la futura formación de España como nación.

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