Saltar al contenido
Francisco Ballesteros
Portada » En 1822, el general Francisco Ballesteros derrota a la Guardia Real, que se había sublevado con el fin de restaurar el absolutismo en España.

En 1822, el general Francisco Ballesteros derrota a la Guardia Real, que se había sublevado con el fin de restaurar el absolutismo en España.

El 7 de julio de 1822, en el contexto del Trienio Liberal en España, el general Francisco Ballesteros logró derrotar a la Guardia Real, que se había sublevado con el objetivo de restaurar el absolutismo en el país. Este evento, conocido como el golpe de Estado del 7 de julio, representó un intento significativo de derrocar el régimen constitucional establecido tras la Revolución de 1820 y reinstaurar la monarquía absoluta. Según varios historiadores, este golpe marcó un punto de inflexión en la evolución del régimen constitucional y tuvo importantes repercusiones en la historia política de España.

Antecedentes y Contexto

La situación política en España en 1822 era sumamente tensa. Tras la Revolución de 1820, que restauró el régimen constitucional, el país se encontraba dividido entre liberales y absolutistas. El rey Fernando VII, obligado a aceptar la Constitución de 1812, mantenía en secreto su deseo de recuperar el poder absoluto. En este contexto, surgió la idea de un golpe de Estado para acabar con el régimen constitucional, inspirada en una entrevista privada entre Fernando VII y el embajador francés conde de La Garde en mayo de 1822. Durante esta reunión, ambos coincidieron en que el modelo a seguir debía ser el golpe de Estado del 18 brumario de Napoleón.

La Sublevación de la Guardia Real

El golpe de Estado comenzó a gestarse en el entorno del rey y fue ejecutado principalmente por la Guardia Real, bajo el mando del oficial Ramón Zuloaga, conde de Torrealta. La noche del 1 de julio, cuatro batallones de la Guardia Real, que sumaban alrededor de 1500 hombres, se sublevaron y se dirigieron a El Pardo, un palacio real situado en las afueras de Madrid. Mientras tanto, otros dos batallones permanecieron custodiando el Palacio Real. La intención era que Fernando VII se uniera a los sublevados en El Pardo para ser proclamado allí rey absoluto, pero el monarca decidió quedarse en Madrid, intentando culminar el golpe desde el Palacio Real.

La sublevación fue recibida con alarma por las fuerzas constitucionales. El Ayuntamiento de Madrid tomó la iniciativa y movilizó a la Milicia Nacional y a la guarnición local, comandada por el general Morillo, para defender el régimen constitucional. Además, oficiales liberales como Riego, Ballesteros y Palarea se unieron a la resistencia. El 7 de julio, los batallones sublevados de la Guardia Real intentaron tomar Madrid por sorpresa, pero fueron repelidos por las fuerzas constitucionales.

La Jornada del 7 de Julio

La madrugada del 7 de julio, los cuatro batallones sublevados de la Guardia Real intentaron entrar en Madrid desde El Pardo. Las fuerzas se dividieron en tres columnas que se dirigieron al Parque de Artillería, a la Puerta del Sol y a la Plaza de la Constitución, defendida por la Milicia Nacional y grupos de paisanos armados. La columna que se dirigía al Parque de Artillería fue dispersada rápidamente por el Batallón Sagrado, mientras que las otras dos columnas encontraron una feroz resistencia en la Puerta del Sol y la Plaza de la Constitución. Los enfrentamientos fueron intensos, pero finalmente las fuerzas constitucionales lograron repeler a los sublevados, que se vieron obligados a retroceder y refugiarse en el Palacio Real.

La implicación del rey en la insurrección se hizo evidente cuando los oficiales de la Guardia Real intentaron huir o rendirse, despidiéndose emotivamente de la familia real. A pesar de los esfuerzos por mantener el apoyo popular, el golpe no contó con ningún respaldo significativo de la población, que se mantuvo leal al régimen constitucional. La derrota de la Guardia Real consolidó la victoria de las fuerzas constitucionales y reafirmó el compromiso de Madrid con la Constitución.

Consecuencias

El fracaso del golpe de Estado del 7 de julio tuvo importantes repercusiones. A nivel político, significó un cambio en la balanza de poder dentro del régimen constitucional, pasando de los liberales moderados a los exaltados. El rey Fernando VII, a pesar de su implicación en el golpe, no fue incriminado debido a su inviolabilidad constitucional, pero muchos de sus colaboradores más cercanos fueron destituidos o huyeron al extranjero. La derrota de la Guardia Real reforzó el compromiso de las fuerzas constitucionales y la Milicia Nacional con la defensa del régimen liberal.

El 24 de septiembre de 1822, se celebraron actos conmemorativos de la «Jornada del 7 de julio» en Madrid, destacando la importancia de la victoria para el régimen constitucional. Estos eventos incluyeron desfiles y homenajes a los héroes de la jornada, consolidando la memoria del 7 de julio como una fecha emblemática en la historia del liberalismo español.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

No puedes copiar el contenido de esta página