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José Calvo Sotelo
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En 1936 José Calvo Sotelo fallece de madrugada a consecuencia de dos disparos del militante socialista Luis Cuenca Estevas.

El 13 de julio de 1936, en medio de una intensa y polarizada situación política en España, José Calvo Sotelo, un destacado político y abogado español, fue asesinado de madrugada. Este trágico evento fue perpetrado por Luis Cuenca Estevas, un militante socialista, y tuvo un impacto profundo en la nación, catalizando el clima de tensión que desembocaría en la Guerra Civil Española.

José Calvo Sotelo nació en Tuy, Pontevedra, el 6 de mayo de 1893. Fue ministro de Hacienda durante la dictadura de Primo de Rivera y, tras el advenimiento de la Segunda República, se exilió en Portugal para evitar ser juzgado por sus responsabilidades ministeriales. A pesar de esto, regresó a España y fue elegido diputado en todas las legislaturas, incorporándose a su escaño tras una amnistía en 1934. Calvo Sotelo se convirtió en líder de las fuerzas monárquicas que buscaban instaurar una monarquía autoritaria y corporativista a través de su partido, Renovación Española.

En los meses previos a su asesinato, entre febrero y julio de 1936, Calvo Sotelo protagonizó varios debates en las Cortes, criticando duramente al Gobierno y demandando el restablecimiento del orden público. Estas intervenciones le granjearon tanto admiradores como enemigos. En la madrugada del 13 de julio, la situación alcanzó su clímax.

El día anterior, el 12 de julio, el teniente de la Guardia de Asalto y militante socialista José Castillo fue asesinado. Este hecho desató una oleada de indignación entre sus compañeros, quienes clamaban venganza. Esa noche, un grupo de policías y militantes socialistas, incluidos miembros de «La Motorizada» —una milicia socialista—, se congregaron en el cuartel de la Guardia de Asalto en Pontejos. Entre ellos estaba Luis Cuenca, guardaespaldas del líder socialista Indalecio Prieto.

En este ambiente de tensión, varias camionetas policiales salieron del cuartel con la intención de detener a prominentes figuras de la derecha. Tras fracasar en sus intentos de capturar a otros líderes como Antonio Goicoechea y José María Gil-Robles, se dirigieron al domicilio de Calvo Sotelo en la calle de Velázquez. Alrededor de las dos o tres de la madrugada, el grupo, encabezado por el oficial de la Guardia Civil Fernando Condés, irrumpió en la residencia de Calvo Sotelo.

A pesar de los intentos de Calvo Sotelo de hacer valer su inmunidad parlamentaria, fue forzado a acompañarlos. Mientras se dirigían en la camioneta hacia un destino incierto, Luis Cuenca, sentado en el banco de atrás, le disparó dos tiros en la nuca, matándolo al instante. El cuerpo de Calvo Sotelo fue posteriormente arrojado en el Cementerio del Este.

Este asesinato provocó una conmoción en toda España. La derecha quedó horrorizada y profundamente afectada, percibiendo el asesinato de un líder de la oposición bajo custodia policial como un crimen de Estado. Este acto no solo polarizó aún más la ya tensa situación política, sino que también convenció a muchos militares, que hasta entonces dudaban, de unirse a la conspiración golpista organizada por el general Mola. Entre ellos se encontraba Francisco Franco, quien decidió sumarse al golpe de Estado que desencadenaría la Guerra Civil Española.

El entierro de Calvo Sotelo el 14 de julio se convirtió en una manifestación de la indignación y el dolor de la derecha española. En el cementerio, Antonio Goicoechea pronunció un sentido discurso, prometiendo venganza y justicia. Este asesinato, y la respuesta que provocó, marcaron el inicio del fin de la Segunda República y el comienzo de uno de los periodos más oscuros en la historia de España.

El régimen franquista, tras la guerra, honró a Calvo Sotelo como Protomártir de la Cruzada o del Movimiento Nacional, utilizando su muerte para justificar el golpe de Estado y la posterior dictadura. La investigación sobre su asesinato fue utilizada como una herramienta de propaganda para legitimar la represión franquista y presentar el crimen como una conspiración del Gobierno republicano, aunque las investigaciones modernas sugieren que fue más una consecuencia de la escalada de violencia política de la época.

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