
Baja hasta el final para ver el video en Youtube
En las noches frías de Tijuana, cuando el viento sopla entre sus calles desiertas y el eco de los pasos se pierde en la bruma, hay quienes aseguran que aún se escucha el ritmo de la música proveniente de un bar que ya no existe. La avenida Revolución, siempre vibrante con su mezcla de luces, su música alegre y las risas de la gente, guarda una historia que hoy en día pocos parecen recordar. Una leyenda oscura que dejó marcados a quienes fueron testigos de una de las noches más aterradoras en la historia de la ciudad, esta es la historia de la mujer que bailó con el diablo.
Se cuenta que, en un jueves como pudiera ser cualquier otro, había poca cantidad de clientes en el Bar Aloha. Era uno de esos días en los que el bullicio de turistas de la época vacacional habia quedado atrás y la ciudad adquiría un aire de calma inquietante. Algunas personas aseguraban que aquella noche era una de las llamadas noches santas, donde solía ser habitual la poca cantidad de gente deambulando por las calles. Sin embargo, algo rompió la tranquilidad de la noche. Una llamada urgente sacudió a los socorristas de la Cruz Roja, según les reportaron, una fuerte descarga eléctrica se había producido dentro del bar y habia dejado varios heridos y a varias personas en estado de shock. Los paramédicos se dirigieron al lugar del incidente, sin imaginar la magnitud de lo que presenciarían y de como aquel suceso les marcaría para siempre .
Lo primero que notaron los socorristas fue el cielo, que según contaban estaba más oscuro de lo habitual. Uno de ellos recuerda que, al bajar de la ambulancia, un escalofrío recorrió su cuerpo, como si el aire mismo estuviera cargado de algo extraño. No les era posible precisar con facilidad lo que sentían, pero todos coincidían en que al llegar al bar el ambiente era muy diferente al de una noche normal. El olor a azufre impregnaba el lugar, era un aroma denso y sofocante que hacía difícil respirar. Los rostros de los testigos estaban pálidos, las miradas perdidas y el miedo estampado en cada uno de ellos. Lo que había ocurrido en el Bar Aloha era algo que ninguno podía explicar.
En el centro de la pista de baile, entre restos de ceniza, yacía el cuerpo sin vida de una mujer. Su piel estaba completamente calcinada, y sin embargo, la expresión de su rostro parecía congelada en una mezcla de sorpresa y de terror. Nadie podía comprender cómo una simple descarga eléctrica podía haber provocado aquel desastre. Pero lo más extraño no era el estado del cadáver, sino el testimonio de los presentes.
Algunos afirmaban haber visto a la joven bailar con un joven hombre de porte distinguido, un desconocido de traje impecable que irradiaba un magnetismo irresistible y todos coincidían en no haberlo visto antes en el bar Aloha. Según los testigos, cuando ocurrió la tragedia, el hombre salió corriendo en dirección a los baños y jamás fue visto de nuevo. Los Policías y los socorristas revisaron cada rincón del establecimiento, pero no había rastro de aquel enigmático hombre. En el baño no había ventanas por donde escapar, ni otra salida por la que hubiera podido salir del establecimiento. Era como si simplemente hubiera desaparecido.
Cuando los paramédicos inspeccionaron el cadáver, su sorpresa fue aún mayor, ya que ninguno de ellos pudo asegurar que la causa de la muerte hubiera sido una descarga eléctrica. Esto se debía a que el grado de calcinación era increíblemente alto y dudaban de que las corrientes de aquella zona hubieran podido provocar aquella tragedia.
Aquella historia se propagó rápidamente por todas las calles de Tijuana. Aquel no era solamente un caso de una muerte extraña; era algo más sobrenatural. Se trataba de algo imposible, de algo inexplicable. Y así surgieron los primeros rumores y susurros, que aseguraban que aquella mujer bailó con el Diablo esa noche.
Según la versión más popular, la víctima era una joven que vivía bajo el yugo de una madre severa. Su vida había sido un encierro constante, privado de diversiones y de libertad. Pero aquella noche, cansada de la monotonía y del control de su madre, tomo la decisión de escaparse para divertirse aunque solo fuera por unas horas. Salió con el deseo ardiente de vivir, de experimentar la emoción de la música, de la danza y de la compañía. Al salir de casa, se cuenta que entre risas le comentó a una amiga que esa noche bailaría aunque fuera con el mismísimo Diablo..
El destino pareció tomar aquellas palabras con un escalofriante sentido literal. Al llegar al Aloha vio la joven que no habia mucha gente, solamente unos cuantos parroquianos, fue entonces cuando la encontró el hombre de traje oscuro. Era alto, apuesto y con un aire de misterio que la cautivó al instante. Nadie supo de dónde venía ni con quién había llegado, pero todos coincidían en que su presencia resultaba hipnótica. Como la joven tenia ansias de poder divertirse y disfrutar de la noche aceptó la invitación de aquel hombre, por lo que bailaron juntos durante horas. Mientras lo hacían, algunos aseguraron que flotaban levemente sobre la pista, deslizándose con una gracia casi sobrenatural. Algunos de los presentes dijeron notar algo perturbador: el hombre no tenía unas piernas normales. Una parecía una pezuña de cabra y la otra, la garra de un ave.
El instante en que alguien quiso advertir a la joven fue el mismo en el que ocurrió la descarga. Un relámpago cegador surgió del suelo, envolviendo a la pareja en un resplandor infernal. La música se detuvo de golpe, los gritos llenaron el bar y, cuando la luz se disipó, solo quedó el cuerpo inerte de la mujer en el suelo, reducido a cenizas. El hombre misterioso corrió a toda prisa hacia los baños, donde finalmente desapareció.
Para muchos el final no fue difícil de adivinar, todos los presentes coincidían en que el Diablo era aquel sospechoso sujeto que se esfumó en los baños. Decían que el Diablo quiso aprovechar la situación y hacerle una ultima jugarreta a aquella mujer que terminaría falleciendo en sus brazos.
El relato de la mujer que bailó con el Diablo se convirtió en una advertencia en la ciudad. A lo largo de los años, la historia se ha contado con distintas variaciones, pero todas convergen en un mismo desenlace: el Diablo mismo había acudido aquella noche al Bar Aloha y, con su infernal presencia, se llevó el alma de la joven.
Algunos dicen que el olor a azufre permaneció en el lugar durante mucho tiempo después del incidente, impregnando las paredes y las mesas del bar. Otros aseguran que, en ciertas noches, la música parece sonar sola en algún punto de la avenida Revolución, y si uno presta atención, puede ver una sombra elegante deslizándose entre la niebla, quizás en busca de su próxima compañera de baile.
Aquí os dejamos el episodio del podcast, ¡esperamos que lo disfrutéis y que os suscribáis si os gustan estas leyendas!







