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Crímenes en la Posada del Potro

Crímenes en la Posada del Potro
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En el centro de Córdoba, apenas a unos metros de la mezquita, se encuentra uno de los lugares más emblemáticos y pintorescos de la ciudad, se trata de la conocida Posada del Potro, que se situa en el número 10 de la Plaza que lleva el mismo nombre. La construcción de esta posada data entre los siglos XIV y XV, y su aspecto rústico, con una fachada blanca y sencilla, ha sido testigo de innumerables historias a lo largo de los siglos. Entre ellas hay una muy conocida, que nos cuenta como por conseguir riqueza, se pueden cometer los crímenes más indeseables.

Cuenta la leyenda que, en una noche de tormenta, un joven y valeroso capitán del ejercito, al servicio de Pedro I el cruel, llegó a las puertas de la Posada del Potro en busca de un lugar donde pasar la noche. Su porte distinguido y el brillo de su armadura revelaban su alto rango militar, lo que hizo que los otros viajeros y presentes en la posada se echasen a un lado y mostrasen respeto al verlo acercarse al fuego. El capitán tomo asiento cerca de la hoguera, y cuando comenzaba a calentarse se fijo en la figura de una joven que aparecía por una de las puertas cercanas, asomándose con curiosidad. Era una joven que mostraba unos finos modales acompañados de una gran belleza, lo que hacia parecer que no tenia mucho que ver con aquel lugar, y mucho menos con su supuesto origen, pues se decía que era la hija del posadero, un hombre huraño y de mala reputación.

El mesonero, que era un hombre que se había ganado fama de usurero entre los vecinos de Córdoba, apareció rápidamente en escena y, con malas formas, obligó a la joven a retirarse de nuevo dentro de la habitación. Sin embargo, no fue lo suficientemente rápido como para evitar que el capitán la observase y se quedase intrigado por su presencia en aquel lugar. Cuando el posadero se acercó al capitán para ofrecerle una cena, lo hizo con una amabilidad forzada, dando muestras de que no era algo habitual en él y como si estuviera ocultando alguna oscura intención.

El capitán, aunque se encontraba algo cansado del viaje, aceptó una modesta cena de carne y vino, pero no dejó de sentirse algo incomodo por la situación, ya que se percató de la extraña insistencia del posadero en que fuera él mismo quien le sirviera, alegando que su hija no contaba con buenos modales y que no sería capaz de atenderlo como se merecía. Tras cenar, y diciendo que se encontraba cansado, el capitán pidió que le mostrasen su habitación. Fue entonces cuando el mesonero lo guio hasta el extremo del pasillo superior, asegurándole que estaría lejos del bullicio de los demás viajeros y de los ruidos de las caballerías.

Al cruzar el umbral de la puerta, el capitán se encontró con un amplio patio casi rectangular, el cual servía como centro de la posada que conectaba las distintas estancias. Este tipo de vivienda, conocida coloquialmente como «Corral de Vecinos», era algo típico de la época y alrededor de dicho patio se distribuían en dos alturas las distintas habitaciones, la del capitán se encontraba al final de la primera planta, lo más alejada posible del resto de viajeros.

El Mesonero iba en primer lugar, seguido de cerca por el capitán, mientras subían las escaleras, y justo cuando cruzó el mesonero, una puerta se abrió brevemente, lo suficiente para que el capitán viera de nuevo a la joven, quien le susurró con urgencia: «Caballero, no durmáis», antes de cerrar la puerta con rapidez para que el posadero no notase lo que habia sucedido. Esta misteriosa advertencia dejo algo inquieto al capitán, quien, a pesar de ser un hombre valiente y acostumbrado a los peligros, decidió no ignorarla.

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Una vez se quedó a solas en su habitación, el capitán apagó la luz del pequeño candil que iluminaba la estancia, y aunque se metió en la cama, estaba decidido a no dormir y permanecer alerta, El viento y la lluvia azotaban los postigos de la ventana, y los relámpagos iluminaban de manera intermitente la habitación, como si el clima tampoco quisiera dejarle dormir. De repente, escuchó un leve ruido, un crujido de tablones como si una puerta se abriera. El capitán saltó de la cama de inmediato, directo a coger su espada y se retiró a un rincón oscuro de la habitación, esperando que uno de los relámpagos desvelase la posición del enemigo.

Al observar con atención, descubrió una trampilla en el suelo, desde la cual asomaba la siniestra figura del posadero. El mesonero, con la esperanza de que el capitán estuviera dormido, lo espiaba desde abajo, esperando el momento adecuado para atacarlo. Sin pensarlo dos veces, el capitán se lanzó hacia la trampilla, y al cruzarla cayo directo al corral de la posada, el Mesonero ya no se encontraba allí, sin embargo si que estaba su hija, quien lo tomó del brazo y le pidió que lo siguiera.

Mientras caminaban con cierta prisa, la joven le pidió al capitán que marchase de inmediato, y que informase al rey de lo que ocurría en aquella posada. El capitán, siguió a la muchacha a través de una caballeriza hasta que salieron al patio principal, donde algunos jóvenes ya preparaban sus caballos para partir al amanecer. A pesar de su deseo de enfrentar al mesonero y exigir justicia en ese mismo momento, el capitán decidió actuar con cautela.

Al poco apareció en escena el mesonero, y cuando el capitán pidió su caballo y la alforja que había dejado en la habitación, el mesonero, tratando de ocultar su nerviosismo, le preguntó por qué había dormido tan poco. El capitán, sin revelar lo que había descubierto, le dijo que habia sido una cena algo pesada, y que prefería aprovechar el insomnio para recorrer más camino, por lo que acto seguido pagó su cuenta y partió rumbo a Sevilla.

Días más tarde, el capitán llegó a Sevilla y fue recibido por el rey Pedro I, quien tenia cierta amistad con el capitán y le escuchó relatar con atención no solo el éxito de su misión, sino también los extraños sucesos de la Posada del Potro. Aunque el rey creía que todo aquello eran imaginaciones del capitán o bien de la joven de la que parecía haberse enamorado, decidió viajar personalmente a Córdoba para investigar lo sucedido. Acompañado por el capitán y varios de sus hombres, el rey llegó a la posada sin previo aviso y pidió ver al posadero.

El posadero quedó sorprendido al ver llegar a toda aquella comitiva, y no podía evitar que en su rosto se dibujase una sonrisa al pensar en la cantidad de oro que iba a ganar aquel día, sin embargo, su rostro cambió cuando vio entre los presentes al capitán, fue entonces cuando el rey, sin dar explicaciones, exigió inspeccionar toda la vivienda.

Lo que encontraron en la posada fue aterrador. Tras inspeccionar minuciosamente el edificio, descubrieron la trampilla que el capitán había mencionado, y tras seguir investigando por el patio, encontraron el sótano. Al entrar en él todos quedaron petrificados, pues estaba lleno de restos de cadáveres, y también de pertenencias robadas a los desafortunados viajeros que habían caído en las manos del posadero. En ese momento apareció la joven, que resultó ser hija de uno de los viajeros asesinados, pidió clemencia al rey y relató cómo había sido retenida en contra de su voluntad.

Furioso, el rey Pedro no dudó en impartir un castigo ejemplar. Ordenó que el mesonero fuera atado por las manos a las rejas de la ventana de propia posada, mientras que las piernas serían atadas a uno de sus caballos. Cuando estuvo atado, el rey ordeno que azotasen al caballo y al hacerlo solo se escucho un grito de dolor, el caballo habia despedazado al mesonero, sus brazos habían quedado colgados de la ventana, mientras que el resto del cuerpo habia sido arrastrado hacia la calle de los Lineros. La joven fue liberada y, como recompensa por todo lo que habia soportado, el capitán recibió su mano en matrimonio, así como todas las riquezas que el mesonero había acumulado a través de sus crímenes.

La Posada del Potro cumplió su función original hasta el año 1972, albergando a viajeros que llegaban a la ciudad en busca de descanso. Entre sus huéspedes más ilustres destaca el gran Miguel de Cervantes, quien quedó tan impresionado por el lugar que lo mencionó en varias ocasiones en su obra maestra, Don Quijote de la Mancha.

Aquí os dejamos el episodio del podcast, ¡esperamos que lo disfrutéis y que os suscribáis si os gustan estas leyendas!

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