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Los Almendros de Medina Azahara

Los Almendros de Medina Azahara

Hace muchos siglos, cuando España todavía era Al-Ándalus, existía una ciudad palatina como ninguna otra, construida por el poderoso califa Abderramán III, una ciudad que bien puede decirse que nace de los mitos, y que recibió el nombre de Medina Azahara.

Resulta que Abderramán se había enamorado perdidamente de una hermosa joven llamada Azahara durante una visita a Granada, se dice que era tal su belleza, que era conocida como la resplandeciente,. Desde ese momento, ella se convirtió en su favorita, y para demostrarle su amor, decidió construir una magnífica ciudad en la ladera de Sierra Morena, cerca de Córdoba, y, en honor a su amada, la llamó Medina Azahara.

El califa no escatimó en gastos y contrató a los mejores arquitectos y artesanos de la época. Les pidió que utilizaran los materiales más preciosos, como maderas, mármoles y azulejos, para crear un palacio digno de su querida Azahara. Además, mandó construir hermosos jardines llenos de flores y plantas traídas de todas partes del mundo. Para darle vida a esos jardines, pobló el lugar con exquisitos pájaros y mandó plantar árboles que daban frutos exóticos. Todo esto lo hizo con el único propósito de ver una sonrisa en el rostro de su amada.

Pero, a pesar de todo el esplendor y la belleza que la rodeaba, Azahara se sentía triste y lloraba día tras día en la Medina. Abderramán, preocupado por su bienestar, le preguntó qué le ocurría y que podía hacer él para verla feliz. La respuesta de Azahara sorprendió al califa, ya que su tristeza no podía ser remediada por nada material. Lo que realmente anhelaba era ver la nieve de Sierra Nevada, pero Córdoba estaba lejos de esas montañas nevadas.

Sin embargo, el califa no se rindió y prometió hacer realidad el deseo de su amada. Hizo buscar a Shams, un viejo jardinero que había venido hasta la zona para la creación de los jardines de la ciudad palatina, y que se ofreció a arreglar el problema. Ordenó talar un bosque que se encontraba frente a la Medina y plantó en su lugar almendros, muy juntos unos de otros. Resultó ser un ingenioso plan, puesto que la floración del almendro, entre los meses de enero y marzo, coincidía con los meses en los que la bella joven Azahara habría podido ver blancas las cumbres de su tierra natal.

Cada primavera, cuando los almendros florecían con sus hermosas flores blancas, algo mágico sucedía: la nieve aparecía en Córdoba como un regalo especial para Azahara.

La joven Azahara, al ver la nieve en medio de un lugar tan cálido como Al-Ándalus, lloró de alegría. Ese espectáculo era solo para ella, y desde entonces, sus lágrimas de tristeza se convirtieron en lágrimas de felicidad. La leyenda de los almendros de Medina Azahara se esparció por todo el reino, y la ciudad se convirtió en un lugar lleno de magia y romanticismo.

Hasta el día de hoy, los almendros siguen floreciendo en Córdoba durante la primavera, recordándonos la historia de amor entre el califa y su amada Azahara. Si visitas la zona en esa época del año, no te pierdas el espectáculo de los almendros en flor y piensa en la dulce historia que hay detrás de esos árboles.

Aquí os dejamos el episodio del podcast, ¡esperamos que lo disfrutéis y que os suscribáis si os gustan estas leyendas!

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