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En 1512, las tropas castellanas al mando de Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, inician la invasión del Reino de Navarra.

En 1512, España vivió un acontecimiento histórico de gran relevancia: la invasión del Reino de Navarra por las tropas castellanas, lideradas por Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, II duque de Alba de Tormes. Este hecho marcó un punto crucial en la consolidación territorial de la monarquía española y tuvo importantes repercusiones en la historia de la península ibérica.

Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez, nacido en 1460 y fallecido en 1531 en Alba de Tormes, fue un destacado noble y militar español, estrechamente vinculado a los Reyes Católicos. Era hijo de García Álvarez de Toledo, I duque de Alba de Tormes, y de María Enríquez de Quiñones. Desde joven, Fadrique demostró un firme compromiso con la causa de la corona, participando activamente en la Guerra de Granada y en otras campañas militares importantes de la época.

La invasión del Reino de Navarra en 1512 fue una operación militar meticulosamente planeada por Fernando el Católico. Tras la firma del Tratado de Blois entre Navarra y Francia, que garantizaba apoyo francés ante una posible agresión, Fernando consideró este acuerdo como una amenaza directa y una justificación para intervenir en el reino vecino. Amparado en una bula papal de Julio II, que excomulgaba a los monarcas navarros por su alianza con Francia, Fernando movilizó un poderoso ejército para llevar a cabo la invasión.

El 10 de julio de 1512, las tropas castellanas comenzaron su avance, tomando la localidad de Goizueta. El grueso del ejército, compuesto por más de 16,000 hombres, entró en Navarra desde Álava el 22 de julio, liderado por el II duque de Alba. El ejército se estableció a las afueras de Pamplona, una ciudad con una población estimada entre 6,000 y 10,000 habitantes, que estaba mal fortificada. La rendición de Pamplona se firmó el 25 de julio, marcando un momento decisivo en la campaña.

Sin embargo, la resistencia en otras partes de Navarra fue más fuerte. Localidades como Lumbier, Estella, Viana, Roncal y Tudela ofrecieron mayor oposición antes de caer ante las fuerzas invasoras. Los reyes de Navarra, Juan III de Albret y Catalina de Foix, se vieron obligados a refugiarse en el Bearne, desde donde organizaron intentos de reconquista con apoyo francés.

A pesar de varios intentos de recuperar el reino, la ocupación castellana de la Alta Navarra se consolidó. En 1513, las Cortes de Navarra, convocadas en Pamplona y dominadas por los beamonteses, nombraron a Fernando el Católico como rey de Navarra. Finalmente, en 1515, las Cortes de Castilla, reunidas en Burgos, formalizaron la anexión de Navarra al reino de Castilla.

Fadrique Álvarez de Toledo fue recompensado por sus servicios con el título de capitán general de Andalucía y señor de Huéscar en 1513. Su papel en la invasión de Navarra no solo consolidó su posición y prestigio, sino que también contribuyó significativamente a la unificación territorial de España bajo la corona de los Reyes Católicos.

La incorporación de Navarra a Castilla y la posterior consolidación de la unión de los reinos ibéricos marcaron el fin de una era y el comienzo de un nuevo capítulo en la historia de España. A pesar de los numerosos intentos de reconquista y resistencia, Navarra quedó integrada en la monarquía española, sentando las bases para el desarrollo político y territorial de la nación en los siglos venideros.

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