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Sitio de Baler
Portada » En 1898, en Baler, una patrulla de soldados españoles al mando de Saturnino Martín Cerezo, cae en una emboscada. Comienza el Sitio de Baler, que se prolongará durante 337 días.

En 1898, en Baler, una patrulla de soldados españoles al mando de Saturnino Martín Cerezo, cae en una emboscada. Comienza el Sitio de Baler, que se prolongará durante 337 días.

El Sitio de Baler, un episodio notable en la historia militar española, comenzó el 1 de julio de 1898 cuando una patrulla de soldados españoles, al mando del teniente Saturnino Martín Cerezo, cayó en una emboscada en Baler, una pequeña localidad de Filipinas. Este evento marcó el inicio de un asedio que duraría 337 días, convirtiéndose en uno de los episodios más destacados de la Guerra Hispano-Estadounidense y de la Revolución Filipina.

El conflicto se desarrolló en un momento crítico para España, que ya había firmado el Tratado de París en diciembre de 1898, poniendo fin a la guerra con Estados Unidos y cediendo la soberanía de Filipinas a este último. Sin embargo, los soldados españoles en Baler, aislados y sin conocimiento de estos eventos, continuaron resistiendo contra los insurgentes filipinos.

El destacamento de Baler, compuesto por 50 soldados, se refugió en la iglesia del pueblo tras la emboscada inicial. La iglesia, con sus gruesos muros de piedra, se convirtió en su fortaleza. Durante los siguientes meses, los españoles soportaron condiciones extremas, con escasez de alimentos y medicinas, además de enfrentar constantes ataques de los filipinos. Los sitiadores, liderados por figuras como Teodorico Luna Novicio y Calixto Villacorta, intentaron en repetidas ocasiones obtener la rendición del destacamento mediante negociaciones y ultimátums, pero los españoles se mantuvieron firmes.

A lo largo del asedio, las fuerzas filipinas emplearon diversas estrategias para debilitar la moral y las defensas de los sitiados. Enviaron mensajes y emisarios, incluidos desertores españoles, para informarles sobre la situación en Manila y otras partes del archipiélago, donde los españoles se habían rendido. Incluso se utilizaron cañones para bombardear la iglesia, pero los defensores lograron resistir.

El Tratado de París y la posterior guerra entre Estados Unidos y Filipinas complicaron aún más la situación. Los filipinos, inicialmente aliados de los estadounidenses en su lucha contra España, se encontraron en conflicto con sus antiguos aliados. Mientras tanto, los soldados españoles en Baler, ajenos a estos desarrollos, seguían defendiendo su posición.

Finalmente, el 2 de junio de 1899, tras recibir confirmación de que España ya no ostentaba la soberanía sobre Filipinas, el destacamento español se rindió. Las autoridades filipinas, reconociendo el valor y la resistencia de los españoles, les otorgaron una rendición honrosa. Emilio Aguinaldo, presidente de la República Filipina, emitió un decreto en el que exaltaba su valentía y les permitió marchar sin ser considerados prisioneros. Los supervivientes fueron recibidos con honores en Manila y posteriormente repatriados a España.

El Sitio de Baler se ha convertido en un símbolo de resistencia y tenacidad. Los defensores, conocidos como «los últimos de Filipinas», son recordados por su inquebrantable espíritu y su lealtad, manteniendo su posición hasta el último momento, a pesar de las adversidades y el aislamiento. Este episodio destaca no solo en la historia militar española, sino también en la historia de Filipinas, marcando el fin de una era y el comienzo de otra en la lucha por la independencia del país asiático.

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