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sitio de Zamora
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En 901, Durante el sitio de Zamora, el ejército del cabecilla Omeya Ahmad Ibn al-Qitt se dispersa abandonando a su líder.

En el año 901, durante el sitio de Zamora, se produjo un suceso histórico conocido como el Día de Zamora o la Jornada del Foso de Zamora. Este evento tuvo lugar en la ciudad de Zamora, España, en julio de ese año, y marcó una importante victoria para las tropas cristianas de Alfonso III sobre las fuerzas musulmanas lideradas por Ahmad Ibn al-Qitt.

Ahmad Ibn Muawiya Ibn al-Qitt, un príncipe omeya y descendiente de Hisham I, había abandonado Córdoba y se dirigió a la región del Valle de los Pedroches, Sierra Morena y el Guadiana. Proclamándose a sí mismo como el Mahdi, un profeta destinado a cumplir profecías escatológicas, utilizó tácticas de magia negra y adivinación para ganar seguidores. Con el apoyo de Abu Ali al-Sarray, un místico agitador, Ibn al-Qitt logró el respaldo de varios caudillos bereberes que controlaban el centro y occidente de al-Ándalus. Su movimiento se extendió rápidamente, logrando reunir un ejército de aproximadamente 60,000 hombres.

En 901, Ibn al-Qitt predicó la guerra santa contra el Reino de Asturias, marchando con su ejército hacia Zamora a través de la antigua Ruta de la Plata. La ciudad de Zamora había sido conquistada pocos años antes por Alfonso III de Asturias, y sus murallas eran consideradas una avanzada peligrosa. Ibn al-Qitt, convencido de su destino profético, proclamó que las murallas de Zamora se desmoronarían a su llegada.

Sin embargo, la realidad fue muy diferente. Alfonso III, advertido del avance de las tropas musulmanas, concentró sus fuerzas en Zamora para defender la ciudad. Los primeros combates resultaron en una victoria inicial para los musulmanes, lo que llevó a Ibn al-Qitt a enviar una carta insolente a Alfonso III, instándolo a convertirse al Islam o prepararse para morir.

A pesar de sus primeras victorias, los líderes bereberes que apoyaban a Ibn al-Qitt comenzaron a preocuparse por el creciente poder y fama del líder mesiánico. Temiendo perder su propia influencia, decidieron abandonar a Ibn al-Qitt, difundiendo el rumor de que había muerto. Esta deserción dejó al líder omeya vulnerable y aislado.

Los cristianos, al percibir la desbandada de las tropas bereberes, decidieron lanzar un ataque general contra los sitiadores. La batalla resultante, conocida como el Día de Zamora, tuvo lugar el 10 de julio de 901. En esta batalla, las tropas cristianas lograron derrotar a las fuerzas musulmanas, capturando y decapitando a Ibn al-Qitt. Su cabeza fue colgada en una de las puertas de la ciudad como advertencia.

Este evento tuvo un impacto significativo en la historia de la región. La victoria cristiana consolidó la posición de Alfonso III en el Reino de Asturias y debilitó significativamente las fuerzas musulmanas en el norte de la península ibérica. Las crónicas árabes de la época mencionan la batalla como un enfrentamiento sangriento con un gran número de muertos y heridos en ambos bandos.

En la actualidad, el Día de Zamora es recordado como un momento crucial en la Reconquista, cuando las fuerzas cristianas lograron una victoria decisiva contra los invasores musulmanes. La memoria de esta batalla se mantiene viva en la cultura y la historia de Zamora, reflejada en lugares emblemáticos como la fachada sur de la catedral y la calle Balborraz, que recuerdan la valentía y el sacrificio de aquellos que defendieron la ciudad.

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